Local en negro con una diáfana cristalera en el barrio de Salamanca.

Una de las últimas aperturas de comida japonesa en Madrid y una de las más destacadas. Tras la sonada ruptura entre el grupo Kabuki y el grupo Ricardo Sanz, socios que finalmente disiparon su alianza y separaron sus restaurantes, @kabuki_madrid renace ahora bajo nueva batuta empresarial y con todo el glamour y contundencia que podía esperarse.

@chef_alex_duran se hace cargo de la Dirección Ejecutiva de la parte gastronómica y el lugar, ubicado en la calle Lagasca, retoma el aire de solemnidad, grandilocuencia y elegancia que le caracterizó durante todos sus años en el Hotel Wellington.

Se mantiene el espíritu de gastronomía fusión. Japonesa, mediterránea, cañí y toques mexicanos que le otorga su chef ejecutivo y que tanto marca estilo propio y convence.

El equipo de sala, digno de un gran restaurante, ayuda y guía en una carta no muy amplia pero basada en el producto de primera, la lonja y el mercado y una calidad que bien merece el (quizás pelín elevado) precio que se paga en la cuenta final.

Los cortes de pescado aparecen impecables, perfectos y deliciosos. Hay opciones de menú cerrado, degustación y con opción a elección del chef en surtido. Lo mejor, dejarse aconsejar. En nuestro caso probamos algunos niguiris (magnífico el de lomo de vaca marinada en Tokio con gotas de whisky Hibiki) como el de gamba roja servido en dos pases, con las cabezas a la robata y el cuerpo marinado sobre el arroz o el magnífico fuera de carta de arroz crujiente y steak tartar, un bocado impecable y lleno de contrastes, textura y sabor. Cumplen las gozas y hace la boca agua el temaki de atún picante con huevo frito de codorniz. Tiene uno la sensación en Kabuki que quiere probar más, que quedan pendientes próximas visitas para recorrer el resto de propuestas de bocados y lanzarnos a los guiños mexicanos que el chef aporta a la carta, llenos de coherencia.

Bravo por los postres que siguen la línea de elegancia y sabor de la parte salada. Los buñuelos de calabaza con chocolate, al modo de churros son una delicia, así como los mochis variados. Amplia y buena carta de vinos con propuestas de sakes y cócteles que dotan aún más de excelencia la propuesta.

En definitiva, una magnífica opción para los amantes de la comida japonesa en un lugar que emana reposo y buen hacer y alegra los paladares de los más exigentes. Enhorabuena además a @federicoleonsierra, un magnífico embajador, socio y empresario que (como es él) con sutileza, discreción y sin hacer ruido ha posicionado este lugar entre la élite de los restaurantes japoneses de la ciudad. No veo mejor forma de poner en valor aún más la propuesta.


Dark-colored restaurant with a huge window in the Salamanca neighborhood.

One of the newest Japanese restaurants to open in Madrid is also one of the most high-profile. Following the public breakup of Grupo Kabuki and Grupo Ricardo Sanz — partners who ultimately dissolved their alliance and separated their restaurants — Kabuki (@kabuki_madrid) is now reborn under new leadership and with all the glamor and strength that could be expected.

The executive chef is Alejandro Duran (@chef_alex_duran), and the new restaurant on Calle Lagasca revives the air of dignity, bombast, and elegance it was known for during all its years at the Hotel Wellington.

The spirit of fusion cuisine remains. Japanese, Mediterranean, Cañí, and Mexican touches from the executive chef define an impressive and unique style.

The waitstaff, fit for a great restaurant, helps and guides you through a short-ish menu based on top-end products, fresh fish and produce, and quality — which is well worth the (perhaps a bit steep) price you pay at the end.

The cuts of fish are impeccable, perfect, and delicious. There are two tasting menu options: one set and the other chef’s choice. It’s best to put yourself in their hands. In our case, we tried some nigiri (the beef loin marinated in Tokyo with drops of Hibiki whiskey is magnificent), including the red prawn served two ways, with the heads cooked in robata style and the body marinated over rice, and the wonderful off-menu crispy rice and steak tartar, a flawless bite full of contrasts, texture, and flavor. The gyozas are good and the spicy tuna temaki with fried quail’s egg mouth-watering. At Kabuki, you get the feeling of craving more, wanting to return to try everything and dig into the Mexican touches that the chef brings to the menu, always in a coherent way.

Bravo for the desserts that are in the same line of elegance and flavor as the savory portion. The churros-like pumpkin fritters with chocolate are a delicacy, as are the assorted mochis. There’s a long list of good wines with sakes and cocktails that raise the bar even higher.

In short, it’s a wonderful option for fans of Japanese cuisine in a spot that exudes tranquility and expertise and delights the palates of the most demanding diners. Congratulations also to Fede León (@federicoleonsierra), a fantastic ambassador, partner, and businessman who, with subtlety, discretion, and not too much noise (as is his way), has positioned this place among the city’s elite Japanese restaurants. He’s the best in the business.