Negocio familiar con varios miembros de la familia al frente.

@sajambinarestaurant es un gran clásico en la zona. Sus lugareños lo saben y lo proclaman al viento. De hecho, el grito fue unánime cuando algunos de los que nos quieren bien se enteraron de que íbamos a pasar el día con amigos por la zona…”¡Id a Sa Jambina!”,”El mejor del lugar”

No hizo falta que se lo dijéramos a @xarxin y @pilarinrin. Ya tenían la reserva hecha.

El local es marinero, de esos que desprenden aroma a red y sal a su entrada. Eso sí, totalmente actualizado y muy confortable.

El festín es una locura.

Con producto de proximidad, de primera calidad y una tradición culinaria que se remonta dos tradiciones atrás, Sa Jambina ofrece platos revisitados bajo la batuta del chef Xavier Lozano que incorpora alguna técnica que aporta sentido y no desvirtúa el sabor ni el origen de sus pescados y mariscos. Conciencia y lógica. Dos conceptos fundamentales a la hora de actualizar cocina marinera de toda la vida.

Ubicado en el maravilloso pueblo costero de Calella de Palafrugell, el restaurante ofrece una carta comedida de platos y vinos, sencilla y acertada, muy en la línea de la cocina tradicional que ya el pater familia, Manel, realizaba en el antiguo local de arroces.

Arrancamos, tras el aperitivo inicial con un maravilloso tomate con ventresca de atún y vinagreta de mostaza, el delicioso tartar de quisquilla, unas ostras frescas y naturales y unas fantásticas gambas rojas de la zona. En el local bordan los pescados más simples, como una excelente fritura de calamar y los más elaborados, como los presentados en forma de tartar o cebiche.

Lo mejor es dejarse aconsejar. Conocer el pescado del día y deleitarse, como en nuestro caso, con besugo tradicional elaborado de la manera que a mí más me ha gustado siempre, desde que mi madre me lo preparaba de pequeña: con tomates, patatas y cebollas al horno. Una delicia.

Nombro aquí al “Recuit de Fonteta” uno de mis postres favoritos, un tipo de requesón elaborado originariamente en l’Ampurdà catalán que se acostumbra a servir con miel. Una delicia de postre para los poco adictos al dulce como yo. Aunque reconozco que el milhojas y el postre de chocolate son fantásticas formas de terminar el ágape también.

Un restaurante tradicional, con toda la familia implicada en su éxito. Clientela de toda la vida. Amigos más que pasantes…Pocas mesas y semanas de antelación para reservar en este que, sin duda, se convierte en el mejor de los motivos para visitar esa zona de la costa gerundense tan admirada y querida por los catalanes…y los visitantes.


Family business run by several family members.

Sa Jambina (@sajambinarestaurant) is an abiding classic in the area. Locals know it and sing its praises to the rooftops. In fact, when a few of our loved ones found out we were going to spend a day there with friends, the acclaim was unanimous: “Go to Sa Jambina!”, “The best place in town.”

There was no need to tell @xarxin and @pilarinrin. They had already booked us a table.

It’s one of those nautical restaurants that give off a scent of fishing nets and salt as soon as you walk in. That said, it’s also completely modernized and very comfortable. And the feast is insanity.

With top-quality local products and a culinary tradition that goes back two generations, Sa Jambina revisits dishes under the leadership of Chef Xavier, who adds some technique that only serves to bring meaning and not distract from the flavor and the origin of the fish and seafood. Conscientiousness and logic: two fundamental concepts for updating classic maritime cuisine.

Located in the wonderful coastal village of Calella de Palafrugell, the restaurant offers a restrained menu of dishes and wines. It’s simple and sensible, and right in line with the traditional cuisine that the current patriarch, Manel, used to make at the former rice restaurant.

Following the amuse-bouche, we started with the marvelous tomato with tuna belly and mustard vinaigrette, the delicious shrimp tartare, some fresh and natural oysters, and some fantastic local red prawns. The restaurant excels at simple fish dishes, like an outstanding fried squid, as well as those that are more elaborate, like the tartares and ceviches.

It’s best to seek their advice. Find out the fish of the day and indulge — like we did — in traditional red sea bream prepared as I’ve always liked it best, ever since my mother used to make it for me when I was a little girl: oven-baked with tomatoes, potatoes, and onions. It was quite a treat.

I’ll say here that the “Recuit de Fonteta” is now one of my favorite desserts, a type of cottage cheese originally made in the Emporda region of Catalonia that’s usually served with honey. It’s a delicious choice for those who, like me, have less of a sweet tooth. Though I’ll admit that the millefeuille and the chocolate dessert are also great ways to finish the meal.

It’s a traditional restaurant where the entire family is implicated in its success. The customers are long-time fans who are now friends more than just passersby. There are not many tables and the waiting list is weeks long, but it will undoubtedly become one the best reasons to visit this area of Girona’s coast that’s so revered and loved by Catalans… and by visitors too.