En el bajo del Hotel Luz de Castellón, justo al lado de la estación de Renfe.

En los bajos del hotel Luz se encuentra este restaurante, con fácil acceso desde la calle y opción perfecta para los que toman un tren, pues la estación de Renfe de Castellón se encuentra justo enfrente.

Pedro Salas, y Beatriz son una pareja a la que conocemos hace años. Ella regenta varios locales de Miss Sushi en Castellón y Benicassim y a él lo conocimos a los mandos de la cocina de los primeros años de Playachica dónde nos conquistó con la franqueza de su cocina, la frescura y hasta la valentía de introducir en una zona culinariamente hablando muy “tradicional” puntos de comida japonesa, peruana y oriental súper necesarios en la región.

Salas, chef ejecutivo del aQua delega en Sergio Rubio la cocina de este restaurante que propone platos en carta y algunos menus degustación que recomiendo fervientemente por su concepción, desarrollo y lógica. Lo mejor, la relación cantidad-calidad-precio. Por 25 o 35€ (dependiendo del menú) el chef propone un recorrido por platos y sabores típicos de la zona que merecen la pena. Y llenan. Y convencen.

Iniciamos con una original y divertida croqueta de mozzarella y albahaca con polvo de tomate, deconstrucción del sabor de una pizza hecha masa y crujiente. Tras esa apertura probamos la ostra con maracuyá (lo más flojo para mí del menú…el maracuyá no logra el punto de acidez ni sabor para realzar el punto salino de la ostra), el boquerón marinado en vermut relleno de encurtidos (“como si te estuvieras comiendo una aperitivo” nos dice el camarero y acierta), tiradito de vieira con helado de aguacate y crema de maíz (delicioso y sabroso), y llega uno de los platos estrellas del menú, la cigalita del Grao de Castellón con salmorejo de sandía asada. Bravo. Excelente sabor, punto picante y textura. Una parada en el camino que debería fijarse en el menú. De los mejores salmorejos de los últimos tiempos….

Tras ello el pescado, un pargo a la brasa con ravioli de su hígado, fresco y en su punto ,y la carne, una presa ibérica con espuma de jamón y chutney de calabaza y castañas, otro punto fuerte del día. Me maravilla la castaña en cualquier plato, pero en contraste con el dulzor de la calabaza y el salado y graso de la carne de cerdo adquiere una combinación especial.

Limón en texturas para refrescar y un final de chocolate y cerezas con helado de leche de oveja. Repito, ¡bravo!. Por la valentía, por mantener productos de la tierra y potenciarlos con pequeños toques (muy pensados) de cocinas internacionales. Por el punto de picante perfecto y presente en varios momentos del menú, muy agradecido. Y por el servicio en sala y ejecución. El ambiente quizás si podría ser más cálido y acogedor pero, al momento, el equipo y el servicio en sala te hace sentir como en casa.

Muy recomendado y, estoy segura, que ha pasado desapercibido para muchos visitantes asiduos que, como yo, nunca hemos pensado en comer en el hotel de enfrente de la estación como una opción. Os aseguro que ya tengo sitio dónde aparcar la maleta antes y después de viajar…


In the basement of the Hotel Luz in Castellón, next to the train station.

Located in the basement of the Hotel Luz, this restaurant’s easy street access makes it the perfect option for anyone catching a train, as the Castellón train station is right across the street.

Pedro Salas and Beatriz are a couple we met years ago. She manages several locations of Miss Sushi in Castellón and Benicassim and he ran the kitchen in the early years of Playachica, where he won us over with the frankness and freshness of his cooking, and the courage to introduce touches of Japanese, Peruvian and Asian food, much needed in the region, into a more “traditional” culinary area.

Salas, aQua’s executive chef, delegates the restaurant’s kitchen to Sergio Rubio, with menu items and some tasting menus that I fervently recommend for their conception, execution and logic. The bang for your buck is the best part: for €25 or €35 (depending on the menu), the chef offers a journey through the typical dishes and flavors of the region that is well worth it. And they are filling. And impressive.

We started with a fun and original mozzarella and basil croquette with tomato dust, a crunchy mass of deconstructed pizza flavors. We then tried the oyster with passionfruit (the weakest of the menu in my opinion…the passionfruit does not achieve the acidity or flavor to enhance the saltiness of the oyster), the pickle-stuffed anchovy marinated in vermouth (“like you were eating an appetizer” in the wise words of the waiter), the scallop crudo with avocado ice cream and creamed corn (delicious and flavorful), and one of the menu’s star dishes: the Grao de Castellón mini langoustine with roasted watermelon salmorejo. Bravo! Excellent flavor, with a touch of spice and texture. It’s a stop on the journey that should be a permanent fixture on the menu, and one of the best salmorejos I’ve had in recent times.

This is followed by the fish, a grilled red porgy with ravioli of its liver, fresh and cooked perfectly; and the meat, a presa ibérica with ham foam and pumpkin and chestnut chutney, another strong point of the day. I’m fascinated by chestnuts in any dish, but the contrast with the sweetness of the pumpkin and the fatty saltiness of the pork makes for a special combination.

Refreshing textures of lemon and a final chocolate and cherries with sheep’s milk ice cream…Bravo again! For the bravery, for using local products and enhancing them with little intentional touches of international cuisines. For the perfect amount of spice that shows up at several points of the menu, which are very welcome. And for the service and execution. The ambience could possibly be a bit more warm and cozy, but in the moment the team and service make you feel like you’re at home.

Highly recommended, and I’m sure it has gone unnoticed by many regular visitors who, like me, have never considered dining at a hotel across from the train station as an option. I now have a place to park my suitcase before and after a trip …