1 Estrella Michelin y 1 Sol Repsol. Una pescadería transformada en lugar de culto para los amantes del pescado y el marisco

¡Qué gran descubrimiento! ¿Cómo es posible haber tardado tanto en sentarnos en esa auténtica maravilla de barra gastronómica?

Cuando el espectáculo tras una barra no pierde efectismo al llegar a la mesa, cuando comer y divertirse sí pueden ser compatibles y cuando un pequeño local rezuma tradición, saber hacer y mucho respeto por el producto… todo es unidireccional y todo funciona.

Cañabota es parada obligatoria para los amantes del buen comer en Sevilla. Un pequeño local con un encanto único que le ha valido 1 estrella Michelin y 1 Sol Repsol.

Juanlu Fernández logra una cocina de producto (sin duda, el mejor de la provincia) con técnicas no invasivas de cocción y un servicio ágil y hábil.

Mucha dirección escénica y culinaria en la (arriesgada pero maravillosa) barra a la vista de los comensales, donde, sin duda, la experiencia triplica su valía.

Juanlu es sencillo, cercano y muy amable. Cuenta su historia y ofrece su cocina de forma natural y directa. No solo es qué se ofrece, sino cómo… el porqué. La raíz y la ramificación.

La idea es hacerse a la idea de que estás en una pescadería donde se puede comer.

Homenaje a su abuelo, que tuvo parada de pescado en el mercado, y concreción de una voluntad que se percibe honrada y humilde.

El protagonismo está en el plato. Pequeñas creaciones que se presentan en un desfile rítmico y fresco, sin pausa y con todo el sentido.

Nos dejamos llevar por Juanlu, que nos elabora un completísimo menú que arranca con el tartar de gamba blanca y rábano picante, la ensalada de hígado de bacalao y el salpicón con la cabeza del bogavante.

El guiso de morena en amarillo es, sin duda, mi joya más preciada en este descubrimiento: una delicia que no olvidaré en meses.

Siguen la otra, el magnífico, fresco y brillante carabinero o el chipirón de anzuelo.

Regocíjense en sus colores y apariencias: ¡el sabor los multiplica!

Los tallarines de calamar y la chuleta de corvina frita (sí, sí, es que parece una chuletilla empanada de las de cordero de toda la vida) rematan un festival del mar servido en pequeñas porciones.

La cereza a la brasa precede a la calabaza con kéfir y al chocolate con higo y jengibre.

Un espectáculo digno de los logros que atesora y que, tras años de consolidación, no ha perdido las mariposas en el estómago de todo buen actor antes de salir a realizar su función.

Un lujo servido en sorbos pequeños que todo el mundo debe conocer.

1 Michelin star and 1 Repsol Sun. A fish market transformed into a place of worship for lovers of fish and seafood

What a great discovery! How could we have waited so long to sit down at this authentic gastronomic marvel?

When the spectacle behind the bar doesn’t lose its appeal when it reaches the table, when eating and having fun can be compatible, and when a small establishment exudes tradition, know-how, and great respect for the product… everything is unidirectional and everything works.

Cañabota is a must for lovers of good food in Seville. A small place with a unique charm that has earned it 1 Michelin star and 1 Repsol Sun.

Juanlu Fernández achieves a product-based cuisine (undoubtedly the best in the province) with non-invasive cooking techniques and agile and skilled service.

There is a lot of theatrical and culinary direction at the (risky but wonderful) bar in full view of the diners, where the experience is undoubtedly tripled.

Juanlu is simple, approachable, and very friendly. He tells his story and offers his cuisine in a natural and direct way. It’s not just what is offered, but how… the why. The root and the branches.

The idea is to get used to the idea that you are in a fish market where you can eat.

A tribute to his grandfather, who had a fish stall in the market, and the realization of a desire that comes across as honest and humble.

The spotlight is on the plate. Small creations presented in a rhythmic and fresh parade, without pause and with complete meaning.

We let ourselves be carried away by Juanlu, who prepares a very complete menu that starts with white shrimp and horseradish tartare, cod liver salad, and lobster head salad.

The yellow moray eel stew is undoubtedly my most treasured gem in this discovery: a delicacy I won’t forget for months.

Next come the magnificent, fresh, and brilliant scarlet shrimp and the hook-caught squid.

Rejoice in their colors and appearances: the flavor multiplies them!

The squid tagliatelle and fried sea bass cutlet (yes, yes, it looks like a traditional breaded lamb cutlet) round off a festival of the sea served in small portions.

Grilled cherries precede pumpkin with kefir and chocolate with fig and ginger.

A spectacle worthy of its achievements which, after years of consolidation, has not lost the butterflies in the stomach of every good actor before going on stage.

A luxury served in small sips that everyone should experience.